TRÁMITES ONÍRICOS
Ensayos insomnes, reseñas, mitologías urbanas, culturas diversas, literatura, vida nocturna, política, música, sueños vívidos y otras mitologías.
martes, 27 de diciembre de 2016
Manejaba su taxi el señor Jesús Pariona y en medio del bullicio lo para una pareja de jóvenes con claro acento provinciano. Él no llegaba a 25 años, flaco y regateador: “ocho lukitas por favor señor”. Ella, apenas salía de la adolescencia y ya tenía una panza de 9 meses. “Ya pues. Suban. ¿A dónde los llevo?” dice Pariona. A la Maternidad de Lima dice ella, ya había entrado en trabajo de parto.
Pariona, arrepentido de haber aceptado la carrera, empieza a manejar tratando de esquivar semáforos, gente, carros y vendedores. La chica pega un grito y anuncia que se le va a romper la fuente. Pariona dice groserías y se pasa una luz roja, “los dejaré en cualquier hospital, en el más cercano”, grita. Exceso de velocidad y los persigue la policía: “Lo que faltaba…” Más groserías de Pariona y la chica sigue gritando.
“Por favor señor no pare. La policía me está buscando”, dice el flaco asustado. Pariona lo mira por el espejo y le pregunta qué hizo, el flaco responde: “venimos de Loreto, soy dirigente de mi comunidad. Se derramó otra vez el petróleo y salimos a protestar. Murió un policía y varios de los nuestros”. Pariona sobrepara y les pide que se bajen. La mujer grita más fuerte, la policía se acerca, Pariona duda: “por qué a mí” y arranca a toda velocidad.
“¡Pero a dónde diablos los voy a llevar!” grita Pariona, “no diga cosas tan feas señor”, dice la chica. El flaco, atrás, está pálido y es un manojo nervios. La policía cada vez más cerca; Pariona pisa a fondo y llega a 120 kilómetros por hora, es una bala. “Todo con tal que no me mojen el carrito, aún lo estoy pagando”. El patrullero quedó atrás, atascado en el tráfico. La chica grita: “¡No voy a llegar! ¡Ay, no llego!”. Otra vez Pariona para sus adentros piensa: “Por qué a mí”.
Tráfico maldito, embotellamiento en cada cruce, los semáforos se alocaron, parecen luces de navidad. “¡Avancen carajo… tengo una emergencia!” dice Pariona sacando medio cuerpo y ametralla a todos con groserías. Se rompe la fuente, la chica grita, el flaco grita: “¡Y ahora qué hago Dios mío!”. Pariona esta vez grita “¡Por qué a mí! Pucha, mi carrito”.
Pariona estaciona el auto sobre una vereda ante los gritos e insultos de los transeúntes del paradero: “¡Qué quieren que haga, está pariendo ésta chica!”. Baja del auto y corre hacia atrás, se arremolinan los curiosos, dos mujeres se acercan y dicen: “Hazte a un lado flaco, tienes suerte, somos enfermeras”. Pariona abraza al flaco, “No llores pues flaquito, todo va a salir bien. Me vas a hacer llorar a mí también. Ya cálmate”.
Los gritos de la chiquilla cesan, Pariona ruega: “Dios, que no se muera en mi carrito” y de pronto desde del auto sale un grito muy agudo que congela a propios y extraños “¡Nació! ¡Ya nació! ¡Es un varón!” exclaman las enfermeras. El flaco pregunta por la chica “¿Mi amor, estás bien?” Ella no responde. Las enfermeras se miran preocupadas, el potente llanto del bebé rompe la escena, y todos se miran entre asombro, alegría y preocupación.
A Pariona le vuelve el alma al cuerpo: “¡Flaco, flaquito, tu mujer está viva!” Se abrazan emocionados y ambos lloran. La chica llama al flaco y le da la mano: “Somos padres, mi amor” y el flaco no para de llorar y sonreír.
De entre los curiosos sale un hombre muy elegante, le regala 300 soles al flaco y le dice “compra lo que necesites” y se va. Se acerca un Papá Noel mal disfrazado que vende chocolates, se saca la barba y les dice “¡Feliz Navidad! ¡Un parto en un taxi!”. Pariona mira su reloj y se lamenta: “Pucha, ya es Navidad y no llegué a mi casa”. El hombre trajeado de Papa Noel les regala una caja de chocolates y se va.
Luego, los alcanza la policía. Baja de la patrulla un suboficial negro muy alto y furioso que toma por el brazo a Pariona. Entre gritos y forcejeos la gente le explica que era una emergencia y el policía suelta a Pariona. Con medio cuerpo metido en el auto, el flaco le dice a su chica que se entregará para no causar problemas a nadie. Ella le dice que es injusto: “¿Qué haré sola?” le increpa. El flaco se dirige al policía que conversa alegremente con Pariona: “Señor, me entregaré”. Pero el policía le dice: “No sobrino, es Navidad, ya me voy a mi casa. Vete y cuida bien a tu bebé” Le da una palmada al flaco, sube a su patrulla y se va.
Las enfermeras, felices por toda la escena preguntan: “Hijita. ¿Cómo le vas a poner a tu bebé?” La chica, sentada en el asiento de atrás del auto y dando su primera lactada dice: “No sé. Creo que lo llamaré como el señor taxista que nos ha salvado esta noche.” Una de las enfermeras mira a Pariona y le dice: “Lo justo pues señor, usted se la ha jugado por estos chicos. Ojalá no se llame Tiburcio o Robustino, jajajaja. ¿Cómo se llama?” Y Pariona, taxista de 65 años, casado, con tres hijos, charapa, natural de Loreto, del sufrido barrio de Belén, les responde a las enfermeras:
“Me llamo Jesús, Jesús Pariona, para servirle”.
Todos se miran extrañados mientras se van lentamente a sus casas. Poco a poco el paradero va quedando vacío, Pariona toma el volante y mientras lleva al flaco, a la chica y a Jesús al hospital más cercano, logra ver en el cielo algo que parece una estrella entre el destello de los cuetones y los fuegos artificiales, el destello de la esperanza de los pobres y los perseguidos que, a pesar de todo, tendrán la suerte de que los ayude algún Pariona, pues, siempre hay gente buena para dar la contra.
Mira por el espejo y se siente un privilegiado, aunque no cree en Dios, por un momento siente que la sagrada familia va en su coche. Hay cosas que se repiten y no nos damos cuenta…
Feliz Navidad
PRESENTACIÓN Y BALANCE
Buenas noches...
Antes de empezar a publicar quiero dejarles por aquí, a modo de balance, algunos artículos míos. Quizás podrían interesarles. Han sido publicados en mi blog del portal La Mula y en Diario UNO.Les dejo los links.
Gracias y hasta nuevo aviso.
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